lunes, 13 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [y XIX]

CONSTELACIÓN DE LEO
La pulsión del deseo de explorar y gozar del cuerpo amado no se aprende. Es manifestación natural del conocimiento que ciertos amantes desarrollan en pos de la sabiduría de los argomantes. Durante las siestas, por ejemplo, el argomante de Leo, dotado de las altas magnitudes de los soles que incendian su melena, ilumina con sus caricias la piel de la amada quien intuye bajo su alcochada ternura la acechanza de sus garras sobre sus muslos, gemelos arqueados por el deseo de la luz, por donde él se adentra. En esa exploración y empujado por el fuego de la pasión, el argomante atraviesa cúmulos de miradas, nubes siderales, nebulosas y sueños dejando tras de sí rastros de saliva para no perderse hasta llegar al nudo constelar, donde deja ir su lengua al interior de la galaxia y bebe del clítoris primordial de Géminis. Es el instante en que la conjunción se produce, Cástor y Pólux estallan y del cuerpo de la mujer surgen los gemidos de gozo que, a millones de años luz, astrónomos asirios observarán y confundirán con cometas orbitando en el espacio según las incógnitas leyes de la mecánica celeste.

sábado, 11 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XVIII]


CONSTELACIÓN DE LIBRA

Las manos son la lengua franca del argomante. Ellas hablan y dialogan con el cuerpo de la mujer amada y dejan constancia de sus formas y fórmulas trigonométricas. Sé de aquel argomante que midió con los ojos el torso de la mujer mientras las manos, guiadas por la luz de Isthar, se afirmaban en el firmamento de los hombros y luego rodeaban y sopesaban el volumen de los pechos. Azorado por los lampos del Lucero y movido a calibrar la pulsión del deseo, buscó más allá de Sagitario, al este de Virgo, la justicia constelar de Libra y se hundió en el horizonte vertical del seno hasta que la masa oscura de las areolas excitada por la lengua de las estrellas levantó los pezones y los pechos cayeron hacia lo alto erigidos, a veces, como la razón entre el deseo y la pasión (α = a sobre c), y otras como la función continua y periódica obtenida de las variaciones de esa razón.

viernes, 10 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XVII]

CONSTELACIÓN DE ACUARIO

El argomante, acaso bajo el efecto de Fata Morgana, puede ver nuevos horizontes, islas y castillos y también, entre una mirada de mujer y sus pies, cómo se gesta un cuerpo sideral en la constelación de Acuario. Sentir el magma ardiente y el oscuro rugido de la materia precediendo el nacimiento de la luz que abre la puerta de todos los misterios y él, incapaz de resistirse al deseo, quemar las naves del diluvio, para abandonarse al abismo de los muslos que sitúan las estrellas y organizan los sistemas solares, los cúmulos globulares y las nebulosas planetarias haciendo que An, el derramador, vierta de placer las aguas de la inmortalidad sobre la nueva galaxia.

miércoles, 8 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XVI]

CONSTELACIÓN DE SAGITARIO

Mientras el eco del último Big Bang reverberaba perdiéndose en la negrura estelar, los amantes se abandonaron el uno sobre el otro, para que sus cuerpos recuperaran las estructuras moleculares básicas que la gran explosión había dispersado. Él guardó su sexo en el cálido ecuador que partía el planeta en dos hemisferios y, desde el observatorio que le daba la cabeza apoyada sobre la  nuca de la mujer, observó que en el sector de los hombros, en el cuadrante Oeste de la constelación del Arquero, había dos pequeños asteroides, uno más grande que el otro, que parecían orbitar muy lejos del planeta al que pertenecían. El argomante contuvo el aliento, oyó la respiración de lo desconocido y sintió que la radiación infrarroja de una estrella menor alcanzaba la constelación. 

martes, 7 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XV]

CONSTELACIÓN DE CÁNCER

Un argomante nunca confunde el vigor de los músculos con el fuego de la pasión. Para él, el abrazo del cuerpo amado significa siempre un viaje a lo ignoto. Muy bien lo supo aquel amante que, en el camino de la caricia, descubrió que la conjunción de la belleza y la perfección se traducía en una clara línea euclidiana entre las piernas de la amada. Embargado por la admiración y el deseo desbrozó entonces el vello de Afrodita sin imaginar que al hacerlo, al sur de la constelación del Lince, en el mismo corazón de la constelación de Cáncer, hallaría el cúmulo abierto de la Colmena, cuyo panal rezuma la miel que el argomante del León no se resistió a libar. Tampoco imaginó que con esa pulsión de los sentidos excitaría los neutrones del púlsar de la Nebulosa del Cangrejo, la puerta constelar, por donde pasan las almas que desean un cuerpo para nacer y ser.

lunes, 6 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XIV]


CONSTELACIÓN DE ESCORPIO
Ante su amada desnuda y en abierta espera sobre el alba de la cama, otro de los argomantes de los que tuve noticias, se abandonaba a la mirada que avanzaba hacia el futuro topografiando las múltiples formas del Universo. Así fue como viajaba con ella más allá de los cúmulos globulares de la Vía Láctea, de la protonebulosa del Insecto y de la estrella doble de nombre cifrado hasta que se detenían rientes ante la hipergigante estrella roja de Antares. Allí, bajaba ella los pliegues del aguijón constelar y lo ensalivaba para endulzarlo, mas el escorpión no podía contener su instinto y la penetraba cada vez inoculándole el conocimiento de la noche cósmica. De este modo, la amada reconocía en sus caricias las enunciaciones de  la geometría de Euclides, en sus gemidos las notaciones musicales de las cifras de Pitágoras, y aprendía en un instante las cien lenguas que hablaba Ladón, el drakko custodio de las manzanas de la dicha en el jardín de las Hespérides. 

domingo, 5 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XIII]

CONSTELACIÓN DE ARIES

Los amantes dotados con el don de Pitias saben de la mujer amada y reconocen su cuerpo mucho antes de que el abrazo se produzca. Sé de uno que fue atraído por una mujer de piel lactescente cubierta de lunares de Mandelbrot. Seducido por aquellas formas geométricas que se organizaban a capricho de una inteligencia mayor, el amante recorrió calles y visitó teatros y librerías de viejo hasta que un día pudo dibujar en su corazón el mapa  de una constelación, cuyo bosque se hallaba al este de Piscis y al oeste de Tauro. Guiado por la magnitud de Aries, el amante se internó en el encinar escondido entre fractales hasta que, en la confluencia de dos ríos que nacían del sexo de dos enanas rojas, colgaba ante él vello rubio consagrado al Carnero. Lo admiró, lo acarició con la tensión propia de los hijos de Leo, y lo adoró hasta que el fuego arrebatado al Dragón inflamó su lengua y como una pitón penetró en el secreto hasta transmitir un sentido oracular al cuerpo de la amada, para que un día, al verlo, supiera quien era él.

sábado, 4 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XII]

CONSTELACIÓN DE PISCIS

Un día, cierto amante navegó por la espalda de su amada y, cuando el pez, exhausto, agonizaba boqueando de deseo, un respingo del cuerpo amado le abrió el desfiladero de las nalgas. Atravesó el pasaje de Tauro, que marca el límite de los hemisferios, y salió en el mar constelar de Piscis donde brillaban millones de peces albinos bajo dos estrellas colgadas de una cuerda. En ese instante, un cataclismo de horas y carne sacudió el cuerpo de la amante, quien asistió al orto y ocaso de mil soles y al nacimiento de lampos que siguen desde entonces la dirección futura hasta el fin de los tiempos. Llorando de gozo y dolor, ella comprendió que, aunque lo intentara, ya le sería imposible olvidar al argomante. 

viernes, 3 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [XI]

CONSTELACIÓN DE VIRGO
Amantados con el anillo de Saturno y bajo el influjo del fuego de Leo, el argomante llevó a su amada por la curva de la Osa Mayor lamiendo con su espiga los secretos de Virgo. Fue así cómo, tendidos ambos sobre los campos de estrellas de las once galaxias de la constelación, ella sintió en su vientre la contracción de la materia que trae consigo la noche estelar y al mismo tiempo el estremecimiento de las tormentas magnéticas que preludian, en el núcleo de los soles, el nacimiento de la luz. 

jueves, 2 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [X]

CONSTELACIÓN DE SAGITARIO

Lo que guía la mano del amante no es sabiduría sino deseo. Deseo de sentir el vibrato de la carne en el alma. Es así que ensaya las caricias sobre el cuerpo de la amada más no reconoce la sacralidad del abrazo hasta que ella, que ha descendido desde las lindes de Escorpio y llegado ante las puertas de Sagitario, lleva hasta el doble arco de sus labios la flecha que disparará hacia el ombligo estelar. Sentirá entonces el argomante subir la temperatura de las nebulosas, cúmulos y otros cuerpos del cielo profundo; verá los destellos particulares de la sangre convertirse en novas, y oirá el bullir de la gran tetera y la música sideral que alguno, acaso Mozart, traducirá para el oído humano. En esta notación de la caricia, resistirá la flecha la atracción de la masa oscura y al final, ante el vórtice umbilical de la galaxia, abrazado a su amada, el argomante se dejará arrastrar por la caudalosa riada de la Vía Láctea, la misma que alumbra el camino que siguen los peregrinos de un diminuto planeta solar situado a millones de años luz de su corazón.

miércoles, 1 de octubre de 2014

CONSTELACIONES [IX]

CONSTELACIÓN DE LIBRA

Navegando sobre los pasos de Orión, el amante se detuvo la eternidad suficiente como para que ella viera en sus ojos el reflejo de la hendidura celeste al oeste de Virgo. De este modo el viajero del amor le enseñó la perfecta línea en uno de cuyos puntos la tortuga alcanzaría a Aquiles. Ante esa visión rasuró ella el campo austral y dejó que el argomante buscara el equilibrio del gozo en el triángulo estelar que colgaba de la constelación de Libra dando sentido a la paradoja de Zenon de Elea. 

martes, 30 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [VIII]

Tengo noticias de otro argomante que en cuanto entraba a la habitación del hotel de citas y desnudaba a su amante, la llevaba frente al espejo como si éste fuese una gran ventana astronómica a través de la cual podía enseñarle que el abrazo no se producía entre cuatro paredes. Tomados de la mano o cada uno acariciando el sexo del otro frente al espejo, juntos viajaban al origen del tiempo y tenían, como en un espejismo que los comprometía en su sustancia, la visión del nacimiento de la primera pareja en las altas latitudes del planeta; en ese territorio polar donde se produce la gran excitación de las fuerzas primordiales. Allí, dentro de sí, sentían cómo ejércitos de protones y neutrones de la luz solar se enfrentaban a la atracción magnética de la Tierra, a su poderosa seducción, y liberaban su energía para dejar, en el campo de las visiones, las huellas luminosas de la portentosa batalla que acababan de librar. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [VII]



A cinco grados al oeste de Neptuno, se halla la espalda de la amada que el peregrino recorre con el moroso paso de quien no quiere llegar sino de disolverse como lo hace la piedra en la cóncava suavidad de la duna.  Mas, desde ese lugar donde se encuentra, el náufrago observa que el brillo de las cuatro estrellas más luminosas de la Cabra pasa del dorado al rojo y que la música del cosmos que alentaba su corazón lo hace del grave al agudo, como si un cometa se alejara de él dejando tras de sí una cabellera de dolor.

domingo, 28 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [VI]

 
CONSTELACIÓN DE CAPRICORNIO

Ante un escaparate de lámparas lo sorprendió una luz nacida hacía treinta y siete millones de cuantos. Incapaz de resistirse a su atracción recorrió el vasto camino de fotones hasta el desfiladero de Venus y allí abandonó la nave a la inercia de la caricia que se desliza por un tiempo embargado por la quietud que retarda hasta el propio acezar. Fue así como el argomante cruzó la puerta sagrada de Aldebarán, se adentró en la constelación de Tauro y desnudó la celeste nebulosa del Cangrejo que, al abrirse a sus ojos, le mostró la hermosa curvatura de los hombros y la suave esfericidad de los pechos de su amada adelantándose hacia él como dos palomas cuánticas, que, en el íntimo cosmos de la ducha, definirían el abrazo según la constante de Plank.

sábado, 27 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [V]

Sé del amante que, explorando el interior del boson de Higgs, que, dicen, guarda el secreto de las partículas del amor, vio en los ojos de la amada el reflejo del abrazo y sus lágrimas de gozo reproduciéndose hasta el infinito más allá de las fronteras del León.

viernes, 26 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [IV]

CONSTELACIÓN DE ACUARIO
Apenas un torpe balbucir son las mariposillas orgánicas de las que hablan algunos amantes que ignoran que la mujer ya ha viajado más allá de las baguetinas de Hércules, recororrido, más allá de los hombros, las dunas, los desfiladeros vertebrales hasta las colinas que marcan las lindes de su espalda; sí, a cinco grados al oeste de Neptuno, se halla la espalda de la amada que el peregrino ha recorrido con el moroso paso de quien no quiere llegar sino de disolverse como lo hace la piedra en la cóncava suavidad de la duna, y ha sentido su carne crujir como un hojaldre de tiempo mientras la nave penetraba en la constelación de Acuario, la cueva sideral donde nacen las lluvias y, en lo más hondo de ella, habitan las voces nonatas  que modulan los interminables gemidos del goce.

jueves, 25 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [III]


Hay noches en que la fantasía y el sueño no se distinguen. Hay noches en que el argomante cae por el vórtice de fractales de un vestido y sigue cremallera abajo el zumbido que al final le abre el horizonte de una caricia mayor. Como los gemelos fundadores se nutre de la leche de la loba y su pájaro sin alas busca refugio en el nido, penetra en la gruta rozando sus paredes para conocer al fin el origen de las lluvias primordiales.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [II]


CONSTELACIÓN DE ACUARIO

Muchos amantes ignoran que su vínculo se rige por las reglas del sistema Lorenz de acuerdo con las cuales la más mínima perturbación genera un efecto y variaciones de vasto alcance en el espacio y en el tiempo capaces de alterar el paisaje del cosmos o el estado de un cuerpo celeste. ¿Cómo no pensar entonces que el nacimiento de una estrella en las extremas lindes del Universo tiene su origen en un simple parpadeo de los ojos de la amada?

martes, 23 de septiembre de 2014

CONSTELACIONES [I]

CONSTELACIÓN DE ACUARIO

Todos los amantes aman o creen que aman. O dicen que aman. Sin embargo, sólo unos pocos son capaces de emprender el viaje de exploración del Universo; unos pocos son los que tienen la sensibilidad y capacidad para ir y ver más allá del horizonte de lo inmediato que priva a ambos de un conocimiento mayor; unos pocos son los amantes que suben a la nave y parten en busca del vellocino de oro que la amada esconde en algún lugar del cuerpo. Unos pocos son quienes en esa búsqueda se pierden sin saber si algún día regresarán al puerto del que salieron. Sé, por ejemplo, de un amante que, en este soberbio viaje, a catorce años luz al sudoeste de la grieta de Afrodita, reconoció, besó y nombró cada una de las pecas que conformaban, al borde de la rodilla de la amada, la isla del Lagarto.

lunes, 16 de junio de 2014

SALE LA EDICIÓN DIGITAL DE "NADADORES DE ALTURA"

Excodra editorial pone a la venta en edición digital "Nadadores de altura", libro que ya publicara en Argentina la Edtorial Cartografías. 
La nueva edición lleva en portada una ilustración del artista argentino residente es España Carlos-Esteban Resano Vasilchick.

"Nadadores de altura" se puede adquirir on line en este enlace:
 http://www.excodraeditorial.com/web/Libros/Nadadores_de_altura.html

domingo, 15 de junio de 2014

ODISEO EN EL JARDÍN DE DOÑA PABLA





Cuando Odiseo regresó a Ítaca se adentró en el jardín de su madre para alejarse del farfullo del mundo y del fragor del tiempo.


La verdad es un misterio de muchas voces, se dice el errante, acaso recordando las que oyó en el desfiladero de las sirenas.

"Quizás, se dice Odiseo, la flor ignora el sentido de su belleza del mismo modo que yo desconozco la razón última del viaje".


Sentado bajo la pérgola de rosa silvestre y glicinias, Odiseo piensa que el cielo no es ajeno al alma y -tal vez recordando a Náusica-, que el deseo es esa nube que presiente fuera de la visión.


Quien no ha aprendido a mirar siempre verá sombras.

Algunos seres luminosos agotan su luz y, con un destello de vida que ilumina un poema, se desvanecen dejando, como una estrella muerta, un agujero negro en el alma del poeta o donde quiera que palpite su corazón.

El lenguaje es un artificio humano para hacer posible la soberanía del hombre en el mundo, pero como tal artificio no salva el abismo de lo nombrado. ¿Cómo nombrar la flor –se pregunta Odiseo- sin sentir la incertidumbre de lo inabarcable?
La palabra es como una cebolla en flor cuyo bulbo guarda en sus capas las muchas historias de su vida.

A veces necesitamos de las sombras vivas para atenuar la violencia de la luz.

Aunque guarde la semilla en su cáliz, el esplendor y la belleza de la flor son gozos del presente.

Todos somos imperfectos, pero lo que nos desgarra no es la imperfección, sino la angustia.

A veces el silencio es el verde que da sentido a la chispa de color de una flor.

La belleza de la flor y la nobleza del árbol alivian en el corazón de Odiseo el latido de furia de los dioses y el dolor del naufragio.

Más allá del jardín, el mar persiste. Las olas batiendo contra los acantilados. La espuma extendiéndose sobre la playa. El rumor de la memoria.

Más allá de la flor, en la mirada de Odiseo, gente labrando la tierra, un pájaro, islas que quedan atrás mientras navega, paisajes que nunca conocerá.

¿Y si el nombre de la muchacha que extraña no fuese Náusica -se pregunta Odiseo- sino el de esa gota que deja el llanto de la noche?

Mirando el nacimiento de la flor, Odiseo comprende que es el deseo de ser lo que da vida a la planta.

Quizás no fue la ira de Poseidón sino su hálito, el tiempo, lo que trastornó el viaje e hizo imposible el retorno. El instante de la flor.

Lo que destruye la belleza no es la ira de los dioses ni la furia de la naturaleza-se dice Odiseo- es la estupidez de los hombres.

Mas, la belleza es la savia que alimenta el mundo y el principio de todo renacer. La vida que resiste a la violencia.

La flor, en su insistencia, no atiende a la amenaza de los cielos. Así, el errante, continúa su camino tras la tormenta.

Así como en el desfiladero de las sirenas el mástil al que estuvo sujeto grabó en su espalda las notas de una música inaudible para los mortales, en las playas de los feacios el amor de Nausica salvó a Odiseo del naufragio de la vejez.

La mirada rescata al girasol de la violencia y su alegría solar ilumina el corazón del náufrago.

Más allá del cielo, el mar. El rumor del tiempo en la memoria. Las naves que la surcan.

La flor trae las fragancias de la isla de los feacios; las risas de la juventud. El rocío de otro tiempo.

La entrega de la flor no es efímera para quien la recibe, se dice el errante evocando las caricias de Circe, de Calypso y de Náusica. Ah, Náusica, suspira, él tan astuto en ardides y en escapar a las emboscadas de los dioses, al final sucumbió para siempre a los dones y espinas de la juventud.

Destruidas sus naves, la materia de las palabras que lo hicieron, a Odiseo no le quedan más bienes que las fragancias del jardín.

Atado al mástil de lo vivido, con la mirada extraviada en el laberinto de luces y sombras del jardín, Odiseo se entrega al recuerdo de aquella que con sus pies tañía el instrumento que los dioses grabaron en su espalda y a sus oídos le llegan las notas secretas del mar, esa música que ni siquiera la furia líquida de Poseidón puede ahogar.

Una huella. Una cicatriz, tal vez mañana.

Los dioses son y están. La inmovilidad los hace insensibles. La curiosidad y la voluntad humanas los enfurece.

Odisea. Las aventuras y desventuras de su «ανανκη » (ananké) son prefiguraciones de su nombre.

En la memoria, el batir del tiempo contra los farallones; en la piel de su espalda las venas del árbol, el pentagrama arrebatado a los dioses.

Y en su mente, la rueda de la fortuna, la sombra de una flor. La fragancia de la lluvia. El preludio del trueno.

Quizás Odiseo no naufragó en la isla de los feacios; quizás Náusica sólo fue una voz entreoída en el desfiladero de las sirenas. Una risa joven que le devolvió por un instante  el gozo de una patria por siempre perdida.

Al entrar en el solsticio y celebrar el paso sutil del tiempo, Odiseo oye una vez más en su cuerpo el sonido de las voces amadas, las presentes y las idas de amigos, camaradas y familiares que habitan en su corazón, y se entrega con ellas a la dulce celebración de la vida. Por eso, para todos aquellos que viven con él en el jardín y para quienes habitan fuera de él, les desea un feliz año 2014.

Como él, sujeto al mástil de su nave, la flor necesita de su tallo y de sus espinas, para crecer en la fronda y oír las voces del viento entre las ramas.

Perdidas mis naves ¿Quién soy?

Ahora, en el jardín, oliendo la fragancia de la flor, Odiseo acaba de comprender que la experiencia del espíritu es siempre en carne viva.

La flor es el útero de la semilla.

La belleza es entrega y gozo. Sin libación de la flor no existiría la miel.

El laberinto. Reflejos de lo oculto. Odiseo recordó que Teseo, tras matar con su puño al Minotauro miró horrorizado al monstruo y huyó. Durante días vagó mareado por galerías de luces y sombras hasta que salió a la luz. En su frente lucía la huella morada de un puño.

Más allá del jardín, tropillas de caballos blancos cruzan la llanura. Más allá del jardín, el mar y sus voces.
Los pasos del errante, como las naves, dejan tras de sí una estela de recuerdos que se pierden en el océano. Sólo la escritura nos salva del olvido.

No -se dice- no es posible escribir sin presentir la dimensión del silencio, sin comprender que somos tañido original que vibra en la carne.

La flor es presente de la raíz que se resiste al olvido, por eso contiene la semilla. Si no fuésemos carne que siente la ausencia, quizás no seríamos distintos a la flor.

Sobre la tierra del jardín, Odiseo intenta trazar el mapa de las islas y  nubes que ha visto, mas la realidad se le escurre. Entre lo vivido y su narración hay pérdidas que la memoria apenas disimula. También entre la voz y la escritura ocurren esas pérdidas. Al cabo, todo relato es ficción.

El jardín es la isla donde habitan mis padres.

La derrota de un hombre libre –se dice Odiseo- no siempre coincide con el rumbo de su destino.

Es creencia de algunos que Orfeo, al enmudecer a las sirenas con su música, demostró a los dioses el poder humano. Sin embargo, otros creen que fue Odiseo quien lo hizo, pues tuvo el coraje y la astucia para escuchar su canto y arrebatarles el secreto.

Odiseo sonrió al recordar el día en que Logos cargó su carcaj de flechas, tensó el arco y salió a cazar Pathos.

Es creencia de algunos que Orfeo, al enmudecer a las sirenas con su música, demostró a los dioses el poder humano. Sin embargo, otros creen que fue Odiseo quien manifestó ese poder, pues tuvo el coraje y la astucia para escuchar su canto y arrebatarles el secreto.

Una vez, Odiseo entrevió la sombra de la flor que ocultaba Fortuna detrás de su rueda y desde entonces no olvida su perfume.

Mas el extranjero ahora sabe que los caprichos de la fortuna también sucumben ante la voluntad de la luz.

Qué decir del canto de las sirenas sino que, del mismo modo que el relámpago nos llega antes que el sonido del trueno, la emoción de la belleza nos llega al alma antes que las palabras.

Hay noches en que Odiseo ve -dice él- a sus naves emerger del naufragio y navegar a cielo abierto por mares que están más allá de las estrellas, más allá de las constelaciones. Lejos de la furia de Poseidón. "Ítaca", musita.

Quien nunca ha abandonado Ítaca ignora que ella no existe; no sabe que la isla que habita es otra.

Aunque la reclame, el tiempo no tiene jurisdicción sobre la belleza de la flor, sino sobre su carne.

La flor no teme abrir sus pétalos. La moral de la flor es el polen.

La impaciencia del relámpago. La lentitud del trueno. El dejarse ir de la lluvia.

Acaso, el río que vio Heráclito el Oscuro es el fluir de alma por la carne.


Cartografiar las islas de la dicha es facultad de los navegantes, no de los cartógrafos.

Quizás, cuando la flor espera en vano, se pregunta ¿Dónde descansa el colibrí cuando se agotan sus alas? ¿Dónde el alma del hombre cuando la gana la tristeza?

En la umbría, un abejorro deja un hilo colgado del aire. Más allá, en la luz, las chicharras tejen su red. El aire, la luz, el tiempo, todo parece tan quieto.

Con su destreza con la lira, el fauno obligó al dios a valerse de la voz para vencerlo y esta osadía le costó la vida. La poesía es la piel del fauno flameando de un árbol.


Evocar es traer al presente algo que está más allá de la memoria, en una isla recóndita del alma, se dice Odiseo mientras evoca a Nausica.

Aunque hace tiempo extinguida, la luz de los dioses nos sigue encegueciendo.

Y el hombre –se dice-, débil por naturaleza, imita el carácter de los dioses.

Aún en sus formas más sencillas, la flor es persistencia de la vida.


El jardín no es para Odiseo un lugar de descanso, sino de paz donde su alma cicatriza mientras él repara sus naves.

Aquellos que destierran a sus compatriotas ignoran que se condenan a sí mismos a no salir de sus propios límites.

La savia. El deseo. La tensión de los estambres entre los pétalos.

Y en el aire, como una hebra de perfume, la voz de Nausica.

El navegante es tan pequeño en el mar.

¿Son míos los oídos que han escuchado el aleteo de la mariposa? ¿Míos los ojos que han mirado el mar?

Es naturaleza de la flor nutrir al insecto y a la mirada.

¿Qué hacer cuando tan pocos ven al errante? ¿Cuando tan pocos entienden lo que su mirada cuenta?

Él, que ha viajado, ha sido perseguido por los dioses, que ha visto sus monstruos y oído el canto de las sirenas, ahora sabe que sin verdad y sin libertad el espacio es ocupado por las supersticiones, por los negros fantasmas del rencor, la envidia, los celos, la mentira, que hacen imposible el diálogo que sostiene la vida en común.

Más allá del jardín, los perros sin sombra aúllan. La belleza de Penélope es inalcanzable para ellos.

El apátrida sabe que la vida nos sonríe con los mismos dientes que nos devora.

Hay días en que la melancolía se cuelga de las horas y le anebla la mirada. Aun así, Odiseo contempla la flor.

Al cabo, el viaje del navegante es un largo trazo que persiste en la memoria.

Los amantes que mientras se besan abren los ojos y descubren que son cíclopes, bajan su párpado para seguir soñando que son humanos.

En el recuerdo, las risas acaban perdiendo su sonido mas no su color. "Ah, la risa de Nausica", musita Odiseo.

¿En qué momento del viaje empieza la nostalgia?

Como algunas rosas, también el corazón es a veces herido por astillas de luz.

La guerra y la muerte son reales. El dolor y la distancia son reales. No fue la astucia del guerrero lo que derribó las murallas de Troya, sino la superstición de los troyanos.

La flor no sacrifica la planta para ser. Ninguna causa vale una vida.

La felicidad no es fugaz ni eterna. Es un estado de gozo del alma fuera del tiempo. 

Cuando el pacto entre el alma y la carne llega a su fin, la carne, que ha sentido en ella el pálpito de la eternidad no puede evitar la muerte, y el alma, que ha conocido el sentido de la finitud, no puede escapar a la nostalgia de lo que perece.

La memoria impide que las gentes y los paisajes que hemos visto se pierdan para siempre como humo en el aire en nuestro interior. 

Para el errante no es posible sobrevivir sin resistir a la seducción de la nostalgia.

La belleza se extiende más allá de la palabra que la nombra.

Poniéndose una mano en el pecho, Odiseo se pregunta ¿es vida lo que late más allá del corazón?

La flor abre sus pétalos y ofrece su néctar a los insectos para sentir que la vida se prolonga más allá del jardín.

Y ahora que leo en calma los pétalos de la flor -se dice Odiseo- siento el secuestro del alma y el temor de que no regrese.

Si Penélope continúa tejiendo y destejiendo los hilos del tiempo ¿será que es otro el Odiseo que ha regresado?

Con los pasos, el murmullo del jardín y su fronda, las voces ausentes de los seres queridos.

Aunque no las veas, están. Tanto ha navegado el errante, tanto lo ha ilustrado la vida que, al mirar el cielo aun a la luz del día, puede distinguir entre el brillo de las estrellas y el de los cuerpos parásitos de la luz.

¿Puede el poeta resistirse a bajar al Hades? ¿Negarse al diálogo con las sombras?

Son los muertos queridos quienes nos enseñan el camino de Ítaca.

 Los perros de la ira ladran fuera del jardín, lejos del corazón del extranjero.

¿Quién puede asegurar que el destino de los pétalos no sea el de ser estrellas al final del verano?

Detrás de las nubes, las olas, el vasto mar. Nada detiene el remo del navegante.

La pulsión orgánica de la flor es el fruto. Tiempo que se tensa. El deseo.

Latidos de la vida. Cada día, cada semana, cada estación, como el sol, como los antiguos dioses que representaron al sol, el jardín muere y renace

Detrás de las altas olas que ocultan el horizonte, los pescadores tienden sus redes.

Es más fácil volar que caminar sobre las aguas.

La serenidad, la belleza, entonces ¿por qué esta tristeza?

Como todo náufrago -se dice Odiseo- somos el esqueleto de lo que perdemos.

¡Qué rápido pasan las nubes! ¿Cómo decir entonces cada instante del jardín?

Aunque las nubes oculten el cielo y las olas el horizonte, el navegante no deja de remar.

¿Quién es el héroe? ¿Aquiles por matar a Héctor? ¿Paris por matar a Aquiles? ¿O Sócrates que bebió la cicuta antes que reconocer a los dioses?

Después de atravesar el desfiladero de las sirenas y oír su canto, Odiseo ahora sabe que no es posible confundir el ruido del mundo con la música del universo.

En el cuerpo muerto de la nave hundida siguen latiendo los corazones de los náufragos.

Cuando la flecha de Ilión atraviesa el corazón nada puede detener la parálisis de la voluntad salvo la belleza.

La tristeza te nubla, desnuda y deja a la intemperie. Solo.

Aunque en otoño al árbol le duela la pérdida de sus hojas, la flor le recuerda los brotes de la primavera.

Llegado el otoño, el árbol, aunque sus ramas queden a merced del frío, se desprende de sus hojas para seguir vivo. Su esperanza es la primavera.

¿Cómo nombrar lo nuevo cuando la raíz se hunde tan hondo, quizás en un lugar fuera de este que habitamos?

¿Qué secretos nos cuenta la mirada de quien se acerca al horizonte?

El extranjero recuerda que una vez escribió: "El mar. El olvido es el mar".



viernes, 13 de junio de 2014

MÁS ALLÁ DE LOS DÍAS [Fragmento IV]


Al encontrarse con la mirada del animal, Manuel T. supo que aquello que intuyó años atrás, cuando decidió regresar del destierro a buscar su poema, había sucedido. Estaba sucediendo. El retorno había empezado a consumarse. Aunque el sentimiento de extrañeza persistía, iba, por fin, reconociéndose en el yo de una patria, cuya entidad desbordaba los límites de cualquier nación vulnerable al horror. No más soldados ni máscaras. No más miedo. Los nombres que no eran el suyo, como los días en los que fue un entredicho entre el terror y la esperanza, comenzaban a quedar atrás. Manuel T., el poeta, el extranjero que había visto la muerte y, seguramente, la seguiría viendo en el resto del camino, comprendió que había sido un esfuerzo inútil cavar la colina y rebuscar tantos años en la realidad del basural. Ahora sabía, estaba sabiendo, que el poema que había intentado desenterrar no iba a responderle y guiarle como creyó. El poema no era el mapa sino esa palabra viva, el mundo,  un acto de voluntad, le había dicho su abuelo cuando era niño sin que entonces lo entendiera y supiera que le hablaba de la libertad. El mundo es la casa que habitamos en libertad, pues de cada uno depende el gesto de la convivencia. Pero Manuel T. lo supo tarde, cuando el terror ya campeaba por doquier y convertía a los individuos en reos  del miedo. Ademanes esclavos que sobrevivían ocultos detrás de nombres impropios. Ahora, justo después de detenerse y ver su propio desamparo en la mirada del perro, Manuel T. comprendió la inutilidad de la nostalgia por lo que dejaba atrás. Lo que dejaba no era su hogar sino el espacio inhóspito que oprimía la voluntad y esa línea lejana en la que se perdía la carretera en dirección opuesta no era el horizonte sino la frontera, al otro lado de la cual estaba su patria. La casa donde había nacido y a la que debía regresar. Y creyó que la huída había concluido. Los soldados no llegaban tan lejos, se dijo, aunque más tarde, casi al final del trayecto comprobaría que no era así.