sábado, 10 de diciembre de 2011

LAS LUCES DEL RÍO

                                                 Surten del tajo de la piedra las
voces y luces del río que corre
sonámbulo por la tierra muda,
entre la fronda quieta del bosque.
Líquido reflejo del cielo que en su
vuelo  atraviesa el ave, que descree
del aire y de sus alas, y sedienta
a él desciende. Bebe del agua de
la grieta y,  al beber su frescura,
explora el sentido de su instinto.
Duda ahora si es pájaro o es jaguar,
o si es gozo de la espesura.



Fragmento del poema O las estaciones

jueves, 8 de diciembre de 2011

CREACIÓN

Versión en audio del poema Creación del libro Sílabas de arena, con música original de Jorge Sarraute y editado por Editorial Candaya (2004).

domingo, 4 de diciembre de 2011

ÉXODO

               Un reverbero de carne y horas anuncia el éxodo.
               las almas, asidas con los dientes, cuelgan del aire,
               mientras un hilo de luces ovilla las calles;
               anuda las gargantas.

               Llueve y la lluvia anima las almas al olvido.
               No hay repuesta. Sin justicia, la noche avanza.
               El orden de los dioses corrige los sueños y al alba,
               cuando la ciudad cae por su propio reflejo,
               las almas se desvanecen y un rumor de estrellas
               poluciona el vacío.


De Sílabas de arena (Candaya, 2004)

domingo, 20 de noviembre de 2011

SIGNO


                    Yo soy ese extranjero que mañana regresará
                     a la patria, al cabo extraña, a cavar
                     la colina en busca del poema que su memoria
                     sepultó en una lata de galletas.
                     Yo soy ese poeta que hundió en la tierra
                      la palabra y ha olvidado
                     el lugar
                     el índice
                     la página
                     la montaña
                     el poema.
                     Yo soy ese náufrago sin mares que terminará
                     sus días contando historias, urdiendo leyendas,
                     pagado por la caridad de los curiosos,
                     cuando la fatiga le anude los músculos.


De Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias (Cartografías, 2009).

sábado, 12 de noviembre de 2011

DEL FUEGO Y LA POESÍA

El verano pasado acabé un libro de cuentos, después de que mucho tiempo antes había creído que ya no volvería a hacerlo y que, por este motivo, aprobé a que Candaya publicara El mal de Q., casi como mis cuentos completos ya que integraba toda mi producción cuentística desde 1968 hasta 2009. 
La elección del título finalmente determinó la estructura y ciertas licencias, como la carencia de títulos de los cuentos y relatos que integran el libro. El punto de partida era que mi primer libro de cuentos, El día en que el pueblo reventó de angustia, publicado en 1973, había sido requisado y quemado en un cuartel por los militares argentinos durante su dictadura. Sin embargo, no veía en el fuego un factor de destrucción, porque en definitiva nunca el fuego podía destruir lo que el libro contenía.
George Steiner dice en Logótratas que "los que queman los libros, ls que expulsan y matan a los poetas, saben exactamente lo que hacen. El poder indeterminado de los libros es incalculable [...] En la experiencia humana no hay fenomenología más compleja que la de los encuentros entre texto y percepción, o, como observa Dante, entre las formas del lenguaje que sobrepasan nuestro entendimiento y los órdenes de comprensión con respecto a las cuales nuestro lenguaje es insuficiente: 'la debilitade de lo'nteletto e la corteza del nostro parlare'. (Convivio, III-IV, 4).
Siguiendo este hilo de [pre] sentimiento recordé la reacción de los magos del Asia Menor quemando sus libros al oír la palabra evangélica de Pablo (Hechos 19,19) y una lectura más o menos reciente en El lector, de Pascal Quignard: "la palabra es de tal naturaleza que debe su crecimiento y su fortalecimiento a un fuego prendido con los libros que la fundamentan". Este es más o menos el itinerario que seguí hasta dar con Voces del fuego, libro donde cada relato, cada cuento, cada línea es un trasunto de ese fuego mayor que nos nutre y nos eleva por encima de la violencia y de la finitud.

domingo, 30 de octubre de 2011

PI EN LA CIMA


El caminante sobre el mar de nubes, de Kaspar Friedrich


                                                                                                        Para Iván Humanes
«Me dijo el maestro zen Ejo Tanaka: Cuando estás lejos ves inmensa a la montaña. Cuando estás en su cima, no la ves». Al leer esto en el facebook de Iván Humanes, Pi, que siempre había vivido en la llanura y visto su líquida semejanza, el mar, sintió curiosidad por conocer una montaña. Movido por ella, al día siguiente se encaminó hacia el Oeste, hacia esa línea blanca que brillaba en el horizonte y que alguien le había dicho que era la cordillera. «Desde aquí no parece que el maestro tenga razón», se dijo Pi que, a medida que se acercaba, veía cómo aquella ligera ondulación al final de la planicie se agrandaba y que al llegar ante ella se alzaba como una duna o una ola insalvable. Aún así la trepó y cuando dejó de verla tuvo la misma sensación de infinitud que le causaban la llanura y el mar. «Desde la cima no ves la montaña –se dijo-, pero ves su abismo».

De Voces del fuego.

domingo, 23 de octubre de 2011

LA BELLEZA Y LA FORMA


Dibujo de Picasso para La obra maestra desconocida, de Balzac


«-¡No es misión del arte copiar la naturaleza, sino transmitirla! ¡Eres un poeta y no un vulgar copista!- exclamó con vehemencia el anciano, interrumpiendo a Porbus con gesto autoritario- ¡Si fuera así, un escultor no tendría más que sacar el molde de una mujer! Prueba a moldear la mano de tu amante y luego contémplala; te parecerá un horrible cadáver sin semejanza alguna con la realidad, y te verás obligado a recurrir al cincel del escultor, quien, sin copiarla exactamente, le infundirá  movimiento y vida. Hemos de saber captar el espíritu, el alma, el aspecto externo de las cosas y de los seres. ¡Los efectos! Son meros accidentes de la vida, y no la vida. Una mano, por seguir con el ejemplo, no forma simplemente parte del cuerpo, sino que expresa y prolonga un pensamiento que es preciso saber captar y reflejar. Ni el pintor, ni el poeta, ni el escultor deben separar el efecto de la causa, que forman indefectiblemente un todo. En ello estriba la auténtica lucha. Muchos pintores triunfáis por instinto sin conocer ese concepto del arte. ¡Dibujáis una mujer, pero no la veis! Así es imposible descifrar los arcanos de la naturaleza. Vuestra mano reproduce, sin que os deis cuenta, el modelo que habéis copiado en el taller de vuestro maestro. No penetráis lo bastante en la intimidad de la forma, no perseguís con suficiente amor y perseverancia los quiebros y las fugas de esa forma. La belleza es ardua y difícil, y no se deja apresar por las buenas; es menester esperar durante horas, espiarla, apremiarla y atenazarla para obligarla a rendirse...».





La obra maestra desconocida, Honoré de Balzac (Círculo de Lectores, 2000, trad. Javier Albiñana). Con ilustraciones de Pablo Picasso, encargadas por el galerista Ambroise Vollard, en 1931, y consistente en trece aguafuertes.

lunes, 10 de octubre de 2011

EL APÁTRIDA

                           
porque no fuiste desterrado de un país
sino del alba     exiliado a esa luz
que te enceguece     eres
una sombra inmóvil entre las horas del día
una memoria sin
                            hemisferio del pasado

quiero que mi conciencia muera y
el viento se lleve los ojos de los árboles
las bocas de las dichas   el hedor de las desdichas
quiero que llueva sobre mi yo desnudo
ese yo sin rostro y sin causa que sobrevive
     entre dunas de signos

quién es ese yo escondido que te habla
como si fueses yo

ese yo detrás de mi yo que me habla
como si fueses tú

tú soy / yo eres
en qué lado de la frontera me / te encuentras

y yo / él
en qué yo es    desde qué voz nos habla

tú / yo
somos el yo / él que se habla a sí mismo


la voz que nace de la angustia
te divide y condena a la inmovilidad
al adiós pintado en las paredes del laberinto
   y así    sujeto   tú / yo al instante de una calle
     oyes los cantos de las conciencias náufragas
y no dices yo        no dices yo
los cuerpos deshabitados de los apátridas
                                          no dicen yo


lunes, 26 de septiembre de 2011

LA CASA DE LA LOCURA


El hijo del arquitecto (Anaya & Mario Muchnik, 1992) es una novela que trata de la lucha del hombre por crear un espacio propio, por hacer más habitable el mundo, aunque sea consciente de que su vida es apenas un destello en el cosmos. Toda creación implica la búsqueda de la belleza, pero ésta no siempre surge tal como la pensamos. A veces, como dice uno de los personajes en el fragmento que recoge el vídeo, «es un filamento retorcido del alma y otras un sueño perfecto». 
Las imágenes del vídeo corresponden a El Castell, edificio situado en la urbanización Vallpineda, en la frontera entre Sitges y Sant Pere de Ribes (Barcelona). Su creador es el arquitecto Ricardo Bofill, quien, por alguna razón que ignoro, reniega de su paternidad.

lunes, 19 de septiembre de 2011

EN EL ROSTRO

        
        más vida hay

         en la hormiga que explora
         yendo y viniendo
               el rostro del hombre
         en la mosca que       insistente
         frotándose los ojos     deposita sus larvas
                            en los labios del hombre
         en el gusano que sale a rastras
         de la boca del hombre
                 ahíto el estómago de la mirada
          que vitrificó en la retina
                             los mil rostros del asesino


           hormigas           moscas          gusanos
                     pululamos en la cola cercenada
                             del gran lagarto
           mientras el viento lleva
                 el hedor de las corrupciones
                      ventila los sótanos de batalla

De Nadadores de altura (Cartografías, 2011)

domingo, 4 de septiembre de 2011

EL SUEÑO DE PI

Playa de Long Beach, Nueva York


Pi evitaba siempre viajar a las grandes ciudades. Decía que éstas hacen olvidar al hombre su medida en el mundo, mientras que el mar, la llanura y el desierto lo sitúan en la frontera de su propia finitud. Por este mismo motivo amaba la pintura de Mark Rothko. Nadie como él había pintado con tal intensidad los límites de la existencia humana.
Como albergaba la secreta esperanza de ver algún día al artista, cuando Pi se casó, a su esposa no le costó convencerlo de que el viaje de bodas fuese a Nueva York. Él sabía que cumplir su deseo era tan improbable como conocer el número de estrellas que brillan en el cielo, pero aun así cada día que pasaba de su luna de miel sin ver a Rothko se sentía frustrado. El último día, sintiendo que el agobio de la ciudad se le hacía cada vez más insoportable, Pi convino con su mujer que iría a pasear solo a Long Beach. Frente al mar caminó varios kilómetros acompañado por el sonido de las gaviotas y el batir de las olas en la playa. Atardecía y el horizonte ya fracturaba el espacio en una zona oscura y otra rojiza, cuando Pi decidió regresar al hotel. En ese momento, como una visión surgida de una vibración del aire, vio venir hacia él un hombre arrastrando una varilla.  Al pasar a su lado, el individuo levantó la vista y sus miradas se encontraron fugazmente. Luego Pi lo vio alejarse dejando tras de sí una línea en la arena. ¿Y si aquel hombre era Rothko? ¿Y si aquella línea era un horizonte trazado para él?
Esa noche, cuando cenando en el hotel su mujer le preguntó cómo le había ido, Pi comprendió que le era imposible hablar de lo sucedido.
      -          ¿En qué piensas? –insistió ella.
      -          En la marea –respondió Pi.
     De Voces del fuego

miércoles, 31 de agosto de 2011

LA CARRETERA


Ladera abajo, detrás de un bosque de pinos, pasa la carretera. Es un río siempre monótono hasta que una noche se oye el aullido de un perro. Una larga latencia de dolor que poco a poco se extingue y vuelve el mecánico fluir de la corriente.

De Cuaderno de notas de Manuel T.