Ha muerto el chileno Gonzalo Rojas, uno de los grandes poetas universales de la segunda mitad del siglo XX, y como quizás dijera el amigo Jimarino, aullarán a la noche los perros de la lluvia.
Lectura de En el burdel, fragmento de un capítulo de la novela De cómo llegó la nieve (Tusquets, 1987) que forma parte del recital Nadadores de altura, de Antonio Tello, ofrecido en el Teatrino Trapalanda, de Río Cuarto (Argentina). Intervinieron asimismo los músicos Miguel Ángel Toledo y Jorge Jewsbury, quienes interpretan aquí Vidalita del angelito, de Jorge Sarraute y Antonio Tello. La puesta en escena correspondió a Graciela Gómez.
La lectura de un fragmento del cuento La campaña del coronel Emilio formó parte del recital de presentación del libro Nadadores de altura, en el Teatrino de la Trapalanda, en Río Cuarto (Argentina). Su vínculo con la Vidalita del amor ausente, de Sarraute y Tello que aquí canta Miguel Ángel Toledo acompañado de Jorge Jewsbury, se comentó oportunamente.
Al amanecer, detritos de mensajes flotan en el océano.
El nadador que se lanza a la noche perece en el día.
Del libro Nadadores de altura (Cartografías, 2011). El cuadro de Beatriz Silva pertenece a la muestra dedicada al libro que se inauguró el 12 de marzo, en la sala ARP del Centro Cultural Trapalanda, de Río Cuarto (Argentina).
Ese día, en el equívoco trance entre el recuerdo y el sueño,
fue cuando empecé a reconocerme en los gestos de mi padre.
La brisa del incendio final, o su memoria, me trajo su rostro antiguo;
el argentino brillo de las alabardas hispanas asomadas
por la boca de la bestia que acezaba el furor del instante inevitable.
En la tormenta percibí el acero penetrando en el corazón del pájaro,
el azoramiento del paisaje con sus lagos volubles,
el estertor de la ciudad con su arquitectura sagrada. El desgarro del fuego.
Mientras el colibrí, irresistible y efímero, batía sus alas y el polvo secular gastaba los vértices de la Gran Pirámide, esperé en vano el auxilio de los dioses.
De Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias (Cartografías, 2009)
«Nos habíamos sentado en torno a mi hoguera tres oficiales. El tercero era ese ayudante que ya he mencionado. Quizá fuese un tipo sin mala intención, pero no tan buena persona como hubiese podido ser sin sus rudos modales y su burda visión de las cosas. Solía razonar acerca de la conducta de las personas como si el ser humano fuese una figura tan simple como, por ejemplo, dos palos cruzados el uno sobre el otro; cuando de hecho el hombre se parece mucho más al mar, cuyos movimientos son demasiado complicados para que nadie pueda explicarlos, y de cuyas profundidades puede surgir Dios sabe qué en cualquier momento».
De El alma del guerrero, de Joseph Conrad (Trad. Enrique Murillo).