miércoles, 1 de septiembre de 2010

PALOMAS

Siempre he pensando que al bíblico Tobit no lo cegaron los excrementos de los gorriones, sino de las palomas que zureaban el día entero en los muros de Nínive. Resulta sospechoso que un ave que ensucia con sus corrupciones balcones y terrazas donde se posa haya sido elegida símbolo de la paz.

¡Ay de la paloma que zurea en los muros de Jerusalem!

Del Cuaderno de notas de Manuel T.

4 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Todo se mezcla, la paz y la guerra, las palomas blancas y los balcones sucios.
Un abrazo
Alicia

Antonio Tello dijo...

Alicia María, querida coterránea, gracias por tu comentario. Será que nada es blanco o negro y la luz siempre lleva consigo la oscuridad.
Un abrazo

hugo dijo...

Hola Antonio:
después de un mes de silencio -espero que en merecidas vcaciones- ya se te echaba en falta.

Interesante esta entrada en la que aparece nada menos que Tobit -desde mí remotísima infancia en los salesianos que no oía hablar del personaje-. Resulta que la ceguera de Tobit se la cura su hijo Tobías untándole los ojos con la hiel de un pescado que ya había utilizado para espantar a Asmodeo.

La pregunta es ¿cuantas toneladas de hiel del pez de Tobías son necesarias para fregar los ojos de Netanyahu y compañía y facilitar la causa de la paz con justicia social y no con cementerios?

Lo de la palomita siempre me pareció el símbolo más hipócrita: deja la ramita de olivo y ¡arréglate! Y todo porque Noé le hizo caso a la ira de Dios...

Muy buen texto para retomar el ritmo.


nos leemos,
salut,

hugo

Antonio Tello dijo...

Hola Hugo, sí han sido unas largas y benéficas vacaciones. La historia de Tobit siempre me impresionó, porque, lo mismo que a Job, se rebela contra la injusticia. Por más que Tobías le devuelva la vista, antes Yahvé lo ha cagado. Un fuerte abrazo