viernes, 3 de septiembre de 2010

CEGUERA

A su paso alza las olas. Encrespa el mar.
Arrastra las dunas. Sacude las ramas.
Ulula en las calles. Golpea las puertas.
Con violencia. No es furia, sin embargo.
Quien cruza el umbral del viento es ciego.
Sus ojos no soportan lo que su voz revive.

De Nadadores de altura.

6 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Hola, Antonio.
Esas dunas que cambia furia por la luz de tus palabras.
Alicia

Antonio Tello dijo...

Las visiones del horror pueden hacernos cerrar los ojos, pero no enmudecernos. Gracias por tu visita, Alicia María.

Ruth dijo...

Basta cerrar los ojos para imaginarse ciego;
imaginarme sordo, no puedo.

Antonio Deltoro


dos besos

Sara dijo...

Buenísimo este poema, Antonio.

Antonio Tello dijo...

Las visiones del horror pueden cegarnos, pero la voz del poeta no enmudece nunca, Ruth. Besos.

Antonio Tello dijo...

Gracias, Sara.