domingo, 25 de octubre de 2015

DEL PRINCIPIO ACTIVO DE LA POESÍA

Muchos poetas suelen hablar de la función social de la poesía y mediante esta atribución solapan sus intereses políticos, económicos, ideológicos, religiosos, raciales, etc. 
La poesía no tiene función, ni social ni de ninguna otra clase, pero sí la tiene el poeta como guardián de la palabra y de la felicidad de los hombres.
El caminante sobre el mar de nubes, C.Friedrich


La poesía debe entenderse como un principio activo armonizador de la comunidad humana; de las relaciones entre sus individuos y de éstos con las cosas del mundo. Este carácter totalizador de la poesía obliga al poeta a buscar por múltiples caminos los sentidos de la verdad y al conocer ese cometido saber no sólo si está dispuesto a llevarlo a cabo sino que moriría de no emprenderlo.
La búsqueda poética es ardua; no es una aventura ni un pasatiempo sino una pulsión que trasciende la individualidad misma del poeta y compromete su ser en el Todo. Esta pulsión profunda se revela como una voz muda que dialoga con el alma entregada del poeta; una voz densa a través de la cual habla el Universo entero, es decir, hablan todos los seres humanos que han sido, son y serán; una voz que vincula a los hombres a través del tiempo transmitiéndoles de generación en generación la experiencia de la vida humana, ese fulgor entre dos abismos, como escribió Nicos Kazanzatkis.
He aquí la importancia de la tradición para el poeta comprometido con ese principio activo de hermanamiento de los hombres más allá de cualquier ideología, bandería política, religiosa o racial. He aquí la importancia de la función del poeta como guardián de la palabra, de su protección frente a la acción corruptora del tiempo y del poder, para que su mensaje haga del individuo partícula viva de la comunidad. Y es en este contexto determinado por la experiencia que el poeta ha de saber hallar su propio camino y saber asumir, en tanto ciudadano, la tarea de crear un clima y unas condiciones favorables al desarrollo de una sensibilidad social propicia al entendimiento y a la conciliación entre los individuos.
El poeta, además, en estos tiempos en que el filósofo ha desertado del cometido de la filosofía en favor de la sociología, debe ocupar el territorio abandonado, explorar los caminos del conocimiento y la sabiduría y convertirse en constructor del alma humana. Esta tarea requiere una gran preparación intelectual y espiritual, pues mientras el filósofo puede reflexionar y especular sin abandonar el plano teórico, el poeta debe encontrar los filamentos vinculantes con su obra, es decir, aquellos elementos armonizadores del ser humano con el mundo. Esta es la luminosa finalidad del poema como trasunto de la esencia poética que late en la oscuridad.

[Cuaderno de notas de Manuel T.]

3 comentarios:

Griselda Riottini dijo...

totalmente de acuerdo, difícil y hermosa tarea del poeta y de la poesía que le habla más allá de su voluntad. Gracias

Antonio Tello dijo...

Gracias Griselda por su comentario, aunque lo haya leído casi un año mas tarde.

Marta B Kelly dijo...

"ese fulgor entre dos abismos"! Si!! Estar al servicio de esa voz que nos antecede! Ofrendarnos y ser canales y guardianes, si!,para que la palabra no pierda el sentido! Gracias por su nota!