martes, 4 de enero de 2011

GENITIVO



Ese día, en el equívoco trance entre el recuerdo y el sueño,
fue cuando empecé a reconocerme en los gestos de mi padre.

La brisa del incendio final, o su memoria, me trajo su rostro antiguo;
el argentino brillo de las alabardas hispanas asomadas
por la boca de la bestia que acezaba el furor del instante inevitable.

En la tormenta percibí el acero penetrando en el corazón del pájaro,
el azoramiento del paisaje con sus lagos volubles,
el estertor de la ciudad con su arquitectura sagrada. El desgarro del fuego.

Mientras el colibrí, irresistible y efímero, batía sus alas y el polvo secular
gastaba los vértices de la Gran Pirámide, esperé en vano el auxilio de los dioses.



De Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias (Cartografías, 2009)

6 comentarios:

José María Banús dijo...

"Mientras el colibrí, irresistible y efímero, batía sus alas y el polvo secular
gastaba los vértices de la Gran Pirámide, esperé en vano el auxilio de los dioses."

Vivir es un sacrificio a los Dioses...

Bonito poema, Antonio.

Alicia María Abatilli dijo...

Ese incendio final trae brilos que no se pierden en el olvido, gritan presente.
Alicia

Antonio Tello dijo...

Tarde supe de la inutilidad de esa espera, pero cada día me vengo de ellos nombrándolos en minúscula.
Un abrazo, José María.

Antonio Tello dijo...

Las llamas de la memoria, Alicia María, avivan nuestra vida con la esperanza del futuro, pero al final nos reducen a ceniza. Un fuerte abrazo.

Mon dijo...

El colibrí, poderoso baile. Vivir es estar siempre al aliento de los dioses y los gestos son su batir energetico entre lo que somos y lo que nos hizo ser.

Bonita experiéncia de reconciliación con el recuerdo de un niño al ver al adulto.

me gusta.

besos.

Antonio Tello dijo...

Hay un momento en nuestras vidas, Mon, en que a veces de un modo fugaz nos vemos como hemos visto a nuestros padres. Pero suele suceder, que cuando esto sucede, ya no están para mantener la ficción de la divinidad.