
«Ahora ya estamos fuera», dijo Louis. «Ahora estoy suspendido en el vacío, sin vínculos. Estamos en la nada. Cruzamos Inglaterra en tren. Inglaterra se desliza por la ventanilla, transformándose siempre, ahora colina y luego bosque, ahora ríos y cipreses y después de nuevo pueblos. Y no me dirijo a tierra firme. [...] Yo voy vagamente a ganar vagamente dinero. En consecuencia una amarga sombra, un cortante acento, caen sobre estas doradas espigas, estos campos enrojecidos por las amapolas, estos rebosantes campos que nunca rebosan de sus límites, sino que las espigas avanzan y avanzan, en olas, sólo hasta el límite, avanzan sin cesar. Este es el primer día de una nueva vida, otro radio de la rueda que se alza. Pero mi cuerpo pasa errante como la sombra de un pájaro».
Fragmento de Las olas, de Virginia Woolf (The waves, trad. Andrés Bosch, Bruguera, 1980)